Realmente no creo en ellas, ni las uso, pero así les ahorro una perorata más larga: pasado, presente y futuro. Las tres cartas cuentan cómo va mi vida con más claridad que cualquier cosa que pudiese escribir (y sin faltas de ortografía).
Ayer por la tarde tuve un accidente: caí desde lo alto de una mesa llevándome por delante un montón de cosas afiladas y llenas de aristas sobre las que aterrizar. Tras el dolor, quedé tumbado panza arriba, con la cabeza extrañamente despejada por el subidón de adrenalina.
Desde el suelo pasé un rato filosofando, pensando en algunas cuestiones que antes eran vitales para mi, importantísimas, y hoy no me interesan una mierda. Son tantas las cosas que siempre temí que pasaran y están ocurriendo ahora mismo, pero tanta la apatía que me bloquea, que sólo pienso en dormir y no pensar nada, nada en absoluto.
Que conste que yo quería escribir sobre el culo de Jessica Biel y el Chiki Chiki, pero no puedo, no me sale.
Querido amigo, para serte sincero... Creo que me estoy volviendo loco. Es la sensación más horrible y desesperante que haya conocido. Me hundo en mi propia mierda. Tengo el trastero lleno de cadáveres. Estoy cansado, decepcionado, viejo. Pero estoy vivo, cabrón. Estoy vivo, tú no. Y me hubiese gustado que vieras cómo aún puedo salir adelante.
Yo sé que tú sabes que yo sé, pero la decepción es mutua. Aunque no nos hayamos despedido, ambos sabemos que nuestros caminos jamás volverán a cruzarse. Henri Lecafard "La lenta escalada del silencio"
A partir de ahora dos capítulos, dos horas como mucho, le doy a un libro para que me enganche. Estoy harto de perder tiempo y energías con folletines interminables.
No quiero volver a juzgar una novela por tener una maravillosa portada, una edición de lujo y muchos admiradores repartidos por el mundo. No quiero volver a equivocarme. El contenido no sólo es confuso y repetitivo, relleno de frases ególatras y muchas ganas de sentar cátedra; lo peor es que todo el texto huele a falso. Un fraude mayúsculo, a pesar de sus muchas frases brillantes, una lírica dulcísima y la continua exaltación de la amistad y el optimismo.
...
Erm... pero ya escribiré sobre libros en otra ocasión. Me temo que este no era el caso.
Un amigo de un amigo me pidió consejo la semana pasada.
Está desesperado, y lo entiendo, porque además de obeso, calvo, patizambo y feo, no tiene trabajo, ni dinero, ni coche, ni talento alguno para salir adelante. Lo mantiene su anciana madre con quien sigue viviendo a pesar de tener más canas que pelo. La pobre mujer no sólo tiene que lidiar con su mal carácter y falta de higiene personal, encima ha de estar pendiente de que no vacíe la despensa cuando le entra un bajón.
Para entendernos: el tipo es una verdadera piltrafa.
Pero el problema que le bloquea es otro. Cree haber desarrollado una especie de fobia social extrema que le impide salir de casa hasta para ir a comprar pan. Cuentos, pensé, ahora resultará que la vagancia es un tipo de fobia... pero lo cierto es que se le veía cara de auténtico anacoreta. Parecía sincero diciendo que desconfiaba de todo el mundo y en especial de las mujeres, que los niños le daban pánico, los ancianos le provocaban infinita tristeza o que por lo general detestaba a cualquier persona de su propio sexo.
Probé con los consejos habituales, pero le entraban por una oreja y le salían por la otra: ¿ayuda psicológica? nunca jamás, ¿deporte? no tiene constancia, ¿dieta? no tiene voluntad, ¿amigos? no quiere que le vean así... ¿búsqueda de relaciones?: ahí le dio por explayarse y decir un cúmulo de barbaridades que prefiero ahorrarles.
Al rato empezó a divagar sobre la necesidad de cariño, lo aberrante del negocio de la prostitución y el estado actual de sus finanzas. Creo que intentaba pedirme un préstamo, pues da la casualidad de que a escasos metros de su casa hay un puticlub conocido por el discreto nombre de "El Hotelito", así que le di largas y llevé la conversación a terrenos más espirituales. Gravísimo error. Aún me duele la cabeza a cuenta de la empanada mental de aquel hombre. Cuanto más se empeñaba en desgranar su rosario de frustraciones más ganas tenía yo de largarme de allí.
Su monólogo era un tostón desesperante. Si pretendía dar pena la estaba cagando. Estuve tentado de decirle que a lo peor el problema era su fétido aliento y un insultante infantilismo que lo mantenía viviendo en los mundos de Yupi a la espera de un golpe de suerte que jamás llegaría. Para casos como el suyo lo mejor es una botella de lejía en ayunas, y si el problema persiste que abra el gas y meta la cabeza en el horno hasta que se le pase... La peste a sumisión y derrota que desprendía aquel tipo me estaba poniendo enfermo.
Opté por poner cara de póker y recomendarle que buscase un hobby que poder compartir, seguir un horario, disciplina, dormir por las noches, comer frutas y verduras de vez en cuando; todo muy Bucay, vamos... Quería huir cuanto antes de aquel cuartucho con ropa tirada por el suelo, olor a pises y pringue de polvo cubriendo los cientos de cajas de juguetes y demás cosas inútiles que ahogaban el espacio.
Se dio cuenta, porque fue frunciendo el ceño y bajando el tono hasta acabar mascullando entre dientes alguna frase de desprecio. Los ojos le brillaban de puro odio. Le señalé el ordenador, según él su principal "herramienta de trabajo" aunque sospecho que dedicada al uso exclusivo de porno y redes P2P, y le dije a sabiendas de cual sería su reacción:
—Tal vez deberías abrir un blogo. Una persona con tus inquietudes, con tanto y tan interesante que decir...
Me mandó a la mierda, gritando, lanzando espumarajos por la boca. Y salí corriendo, aliviado, deseando no tener que volver a ver nunca más a aquel gilipollas que tan familiar me resultaba.
Van a dar las cuatro y media de la madrugada y sigo intentando dibujar; pero todo sale mal, fatal, si es que consigo hacer algo. Pasan las horas y acabo otra noche maldiciendo y rabiando, con la cabeza llena de mierda. Llevo así una semana y necesito que pare.
Esta tarde mi hermana vio cómo moría un bañista de un infarto, en la piscina municipal. Mientras intentaba auxiliarlo, el socorrista y la mitad de los usuarios se quedaron parados, incapaces de reaccionar a tiempo. Pienso en que hubiese hecho yo de estar allí y estoy seguro de que pasaría nadando al lado del pobre hombre sin reparar en sus convulsiones. Incluso es posible que saliese de allí sin percatarme del desfile de ambulancias.
Me siento espeso y con el cerebro tan endurecido como las arterias. No puedo razonar lo más mínimo, sólo sentir, y no son buenos sentimientos precisamente. Que lo escriba aquí, con lo que jode saber que esta página la lee gente que me conoce en persona tampoco es muy comprensible. Supongo que lo hago de puro imbécil, por fastidiarlos a ellos con una estúpida falta de pudor, por aquello de la vergüenza ajena.
Pero de vez por todas quería decir que estoy saturado, harto de haber pasado la vida encajando bromas y poniendo buena cara, harto de ejercer de confesor para señoritas con incontinencia verbal que no encuentran a quien dar la tabarra con sus frustraciones, harto de que me exijan comprensión y buenos modos unos chalados que practican todo lo contrario, harto de tantas mentiras, tuyas y mías, para justificar que somos incapaces de echarle huevos al vivir.
No funciona como desahogo, pero quería soltarlo.
Buen fin de semana. Puede usted seguir trabajando con la tranquilidad de saber que ni tengo una katana en casa ni media bofetada y que, además, en cuanto amanezca volveré a tomarme las putas pastillas.
—¿Y me lo dices por teléfono? Podríamos buscar un bar y hablar de esto con calma, tomando un café. Ya, ya...si lo entiendo, pero... Estoy bien, no te preocupes. Que sí, mujer, no pasa nada... total... ¡yo tampoco me quiero!
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En fin, que ha pasado por enésima vez pero de momento la cosa remite. Ahora estoy en esa fase de rabia sorda en la que se empiezan a recordar todos los libros que uno le prestó y probablemente nunca recuperará, de ahí que acabe el verano estudiando la conveniencia de cambiar el nombre del blogo por De Mimosín a Misógino.
Por lo menos ella no lee estas tonterías, creo, lo cual es un alivio; porque suele pasar que un día te enteras de que lo que se dice quererte no te querrá ver ni en pintura, pero entra a ver los cuatro desahogos y dibujos cutres del blogo una media de tres veces diarias... y eso, amigos, sienta como un tiro.
Es triste tener ocupada la cabeza con un único pensamiento. Hagas lo que hagas, sea leer, ver la televisión o prepararte un bocata hace que recuerdes más detalles de la actual circunstancia con los que alimentar el resentimiento y el autocastigo. Por ejemplo, hace un rato, me tumbé en la cama dispuesto a empezar lecturas aplazadas y lo primero que encuentro es esta frase al comienzo de "The Fall" de Ed Brubaker y Jason Lutes :
"Una idea continuaba repitiéndose en su cabeza, una y otra vez: todo cuanto había hecho en su vida lo había hecho por una mujer".
Ya estoy mayorcito, debería intentar escribir algo maduro, elegante, sobre serendipias y nunca decir nunca jamás, pero... Al final tal vez cambie el nombre del blogo, pero por el de Eterno adolescente gilipollas.
¡Ea, se acabó el verano! ¡A currar todo el mundo y dejarse de boberías!
(Máscaras, en el taller del danés Morten Jacobsen , artista especializado en efectos especiales para cine.)
Google es una caja de sorpresas. La semana pasada, Huma encontró una esquela por la cual nos enteramos de que nuestra abuela paterna murió en 2004 sin que la conociéramos, y de rebote que tenemos unos seis hermanos "oficiales" repartidos por el mundo. La gracia está en que por sus nombres parecen un equipo de superhéroes: Boris, Tai, Erika, William, Yesymy y Debla. Y resulta que también somos tios-abuelos de un tal Witham.
¿Curioso, verdad? Si están pensando que algo así podría servir para un guión cinematográfico, podrían hablar con una de ellos, que por lo visto ha trabajado en producciones de Steven Spielberg.
Por supuesto, de hacer una película con el encontronazo de los Sinister six y el Mad Trio del que formo parte, lo mejor sería la escena en la que hacen una vasectomía a nuestro común progenitor. Hay que ver el empeño que pone este tío pelmazo en repoblar el mundo...
(Perpetrado hace unos minutos con una estilográfica y en plan "a lo que salga". Cuando estoy nervioso rayar tanto me relaja, pero... creo que lo hago por disimular lo mal encajado que está el dibujo al no usar lápiz previamente. Con más detalle aquí)
La memoria es muy traicionera. Cuando menos lo esperas te asalta un recuerdo con tal viveza que tienes la sensación de haberlo olvidado.
Fue anoche al acostarme, que el resplandor azul de la pantalla del móvil me transportó de golpe a un primer día de septiembre, hace una eternidad. De la primera vez se recuerdan muchos detalles, por ser todo intenso, sorprendente e irrepetible. La mía fue de muchas risas e interminable andar dando tumbos de un sitio a otro,hasta que acabamos en el piso de soltero de un amigo. No había luz en el dormitorio, ni velas, y la luz indirecta del neón de la cocina no era precisamente romántica. Así que entre nervios y apremiantes ganas recuerdo tomar del lavabo alcohol y un cenicero grande de cristal, ponerlo sobre la mesilla de noche, verter un poco del líquido y prender fuego con mi mechero Zippo. —¿Parece luz de gas, verdad?— dije mientras empezaba a quitarle ropa, esforzándome por ver a la luz de aquella debilísima llama azulada que todo mostraba como irreal y único. Enseguida estuvimos a oscuras, en lo nuestro, y hasta mucho rato después no reparamos en el olor que flotaba en la habitación: "Alcohol de romero" ponía en la etiqueta. Romero...
La memoria es muy traicionera, pero sobre todo cruel. Cuando menos lo esperas asalta con aquello que te recuerda lo solo que estás ahora.
Con un formidable hostiazo, acabó igual que empezó. Los finales son liberadores, sea cual sea el resultado, e implican un nuevo comienzo que, a pesar de la desgana y la desilusión, vuelve a hacernos levantar la cabeza y mirar hacia adelante. Pasó, y nadie se ha enterado. Las marcas y los moratones van por dentro y por dentro quedarán las cicatrices. Duele, pero menos de lo que pensaba; tal vez es que sufría más evitando el dolor que ahora encajándolo estoicamente. Es algo muy jodido que a veces sea necesario romper del todo para poder arreglar, enderezar o soldar, pero se aplaza todo por miedo, y todos los miedos se resumen en uno: el miedo al dolor. Quizás ahora que duele desaparezca el miedo de una vez por todas, pronto remitirá a un molesto escozor, y más adelante sólo duela los días de verano, cuando me acuerde de ella, y de que una de las peores cosas que le pueden ocurrir a alguien es querer a quien, tarde o temprano, se revela como una auténtica desconocida, como todo lo contrario de la persona querida.
"Abril es el mes más cruel criando lilas de la tierra muerta, mezclando memoria y deseo, removiendo turbias raíces con lluvia de Primavera"
deLa Tierra Baldía de T.S. Eliot
... El maldito tópico de citar a Eliot, pero espero que lo perdonen. Es la primera vez que leo el verso entero y me ha impresionado. También es la enésima vez que me quedo sin sonrisas para capear un temporal, y eso vuelve impresionable.
De todo corazón: que tengan un lunes mejor que el mio.
(...Casas para chalados como yo... No se pierdan el enlace a la desquiciada Mansión Winchester)
Las mañanas son tan blancas y ásperas como las pastillas de paracetamol con las que intento calmar el dolor. Un dolor persistente, leve pero agudo, que me mantiene despierto desde hace tres días. A veces desaparece y lo echo de menos, porque falta ese pellizco que me diga que esto no es un sueño y que la contrarreloj diaria empieza ahora mismo.
Justo ahora mismo. Todo este asunto es psicosomático, pero no quiero pensar en ello; no quiero pensar si es el pensamiento lo que me enferma, sólo quiero dormir.
La idea que me consuela es que hasta en los peores momentos hay algo útil, un aprendizaje que vendrá muy bien más adelante. Y testar la vida a menudo hace que apreciemos con más motivos lo que de dulce tiene.
Lo más reciente que aprendí es que el dolor y el insomnio hacen posible que tenga unos sueños especialmente reveladores en los pocos minutos que consigo echar una cabezada. Sueños claros, un tanto apresurados, a veces lúcidos. Y cuando el interior opina y advierte, con total claridad, de algo que te quita el sueño, más vale no contradecir. Haz lo que te dice y dormirás a pierna suelta.
Está amaneciendo. Duele más que ayer, y estoy muy cansado, pero hoy , exactamente hoy, puede ser un día mejor. Me lo dijiste tú, y tú nunca mientes.
¡Hola Amigos! Me voy a la mierda este fin de semana. Voy a estar bastante ocupado friendo espárragos y tomando por saco, así que disculpad si no aparezco por aquí. Estaré contemplando preciosas puestas de sol en El Carajo mientras hago puñetas, doy unas vueltas por El Garete, visito La Porra y duermo la mona a pierna suelta ¡Que me lo he ganado, oiga! ¿Alguien se viene?
Aquí al que no le falta un tornillo necesita un ajuste de tuercas. ¿No es tener un blogo prueba suficiente?
Verán, soy lo que llaman en psicología un ciclotímico o "individuo con tendencia a alternar periódicamente la depresión y la euforia, que muestra sus afectos de una forma un tanto exagerada." Nada que no se pueda sobrellevar estupendamente leyendo tebeos, sacando a pasear al perro, o tomando mucha fibra; hasta ahí bien, pero el problema gordo viene cuando uno quiere saber hasta qué punto está grillado. Hace un tiempo supe lo que era pasarlas canutas. Se juntaron muchas cosas malas, puñeteras, y en uno de mis viajes al rincón de la depre me quedé ahí. Por aquella época conocí a una persona con la que sentí la urgencia irresistible de querer ser mejor. Hice planes al respecto y el primer punto a cumplir sería visitar un psicólogo.
Me cago en la hora (y perdonen el exabrupto).
Durante varios meses estuve dándole la paliza a razón de cincuenta euracos la media hora de monólogo: " Y porque su situación económica no lo permite, que si no vendrías dos veces en semana", "y ah, yo no soy psicóloga: soy PSI-COA-NA-LIS-TA, y de la escuela freudiana". Como balance de tan bonita experiencia recibí tres palmaditas en la espalda, la conclusión de que todos mis amigos y amigas eran unos neuróticos, saber lo bueno buenísimo que es enfadarse incluso cuando le dije que ya estaba bien de tomarme el pelo y, atención, el consejo del mes:
(Señoras, señores... de forma totalmente desinteresada comparto con ustedes tamaña perla de saber científico, esperando que sepan apreciarla como es debido: ¡poniéndola en práctica!)
—"Usted lo que necesita es follar"
¡Qué lista! ¿Usted no? Conclusión: mejoraré, en cuanto cambie mi colección de Madelmans por una muñeca hinchable . Igual me he repetido. Si el próximo post es igual de grimoso será que sigo sin mojar...pero no se preocupen, se acaba uno acostumbrando.
"Existen dos tipos de suicidas: los que sólo quieren dejar de sufrir, rápidos y expeditivos, y los que se van yendo poco a poco, negando lo que hacen, poniéndose delante del peligro como por casualidad.
A estos últimos les gusta cavar hoyos en los que meterse, aunque ellos, seguramente, los llamen trincheras. No huyen del sufrimiento, lo buscan, quieren saber cuanto podrán aguantar. Por el camino van repartiendo a manos llenas el que les sobra, y a pesar de ello esperan que tú los acompañes, sin rechistar, en su travesía por arenas movedizas.
Se les volverá a llenar la boca con las bondades de la vida y sus mil proyectos que, por supuesto, te incluyen. Volverán a engañarte y a engañarse yendo cada vez más abajo.
Pero cabe la esperanza de que lo reconozcan, de que más allá de las tres de la madrugada continúen pensando en ello. Al amanecer el pensamiento permanezca y no se diluya en todo el día: se den cuenta, paren... y al final, por difícil que parezca, cambien"
Como cambia lo escrito en pleno desvelo de madrugada, cuando se lee bajo la luz de sol.
Haciendo limpieza (¡hoy es festivo, martes de carnaval!) encuentro estos carteles pintarrajeados con rotulador y me quedo alelado entre recuerdos de hace más de una década. Estos pocos fueron rescatados de la "Fiesta de los 60", "Fiesta años 20" o "Fiesta de la Cruz Roja"... Algún viernes que otro, al terminar las clases, Eduardo y yo, nos encargábamos de dibujar estas cartulinas y algún que otro cartelón para barras de bebidas, en las fiestas "Pro Viaje Fin de Curso" del último curso en la Facultad. ¡Rotular a mano, qué tiempos! Los ordenadores personales eran un artículo de lujo y para estudiar diseño teníamos unos Mac LC con apenas 2 Mb de memoria RAM. Recuerdo que todo era un disfrute, a pesar del cutrerío, la música grabada en cassette y el penoso sonido. La facultad estaba llena de chicas que no nos hacían caso, no teníamos un duro ni éramos populares (los frikis de los cómics, ya se sabe), pero nos reíamos lo que nos daba la gana.
Eran años de continua sorpresa y aprendizaje, de ir a buscar el último Sandman al kiosko, tomar una Dorada especial en la Plaza de la Paz, de trapicheo con cintas en el mercadillo, y de pasar las noches en el balcón saboreando una pipa de tabaco aromático. Estaba en "esa edad interesante en la que se es fácilmente imprudente y asustadizo; se reflexiona poco y la imaginación es viva", que escribió Joseph Conrad, Y me sentía vivo y libre y con ganas de soltar la carcajada.
Al añadir "SumiderOscuro" a la lista de favoritos del Firefox me doy cuenta de que le preceden "Infraser.com", "Chúpamelrabo", "Todo me parece una mierda" y "Blasfemando desde el vórtice del universo". Es pura casualidad, pero atendiendo estrictamente a los nombres...
¿Que estoy fatal de lo mio ?¿Me lo dices a mí? ¿me lo estás diciendo a mi? ¿eh? ¿EH?