Sísifo, bola y cadena.

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Un amigo de un amigo me pidió consejo la semana pasada.

Está desesperado, y lo entiendo, porque además de obeso, calvo, patizambo y feo, no tiene trabajo, ni dinero, ni coche, ni talento alguno para salir adelante. Lo mantiene su anciana madre con quien sigue viviendo a pesar de tener más canas que pelo. La pobre mujer no sólo tiene que lidiar con su mal carácter y falta de higiene personal, encima ha de estar pendiente de que no vacíe la despensa cuando le entra un bajón.

Para entendernos: el tipo es una verdadera piltrafa.

Pero el problema que le bloquea es otro. Cree haber desarrollado una especie de fobia social extrema que le impide salir de casa hasta para ir a comprar pan. Cuentos, pensé, ahora resultará que la vagancia es un tipo de fobia... pero lo cierto es que se le veía cara de auténtico anacoreta. Parecía sincero diciendo que desconfiaba de todo el mundo y en especial de las mujeres, que los niños le daban pánico, los ancianos le provocaban infinita tristeza o que por lo general detestaba a cualquier persona de su propio sexo.

Probé con los consejos habituales, pero le entraban por una oreja y le salían por la otra: ¿ayuda psicológica? nunca jamás, ¿deporte? no tiene constancia, ¿dieta? no tiene voluntad, ¿amigos? no quiere que le vean así... ¿búsqueda de relaciones?: ahí le dio por explayarse y decir un cúmulo de barbaridades que prefiero ahorrarles.

Al rato empezó a divagar sobre la necesidad de cariño, lo aberrante del negocio de la prostitución y el estado actual de sus finanzas. Creo que intentaba pedirme un préstamo, pues da la casualidad de que a escasos metros de su casa hay un puticlub conocido por el discreto nombre de "El Hotelito", así que le di largas y llevé la conversación a terrenos más espirituales.
Gravísimo error. Aún me duele la cabeza a cuenta de la empanada mental de aquel hombre. Cuanto más se empeñaba en desgranar su rosario de frustraciones más ganas tenía yo de largarme de allí.

Su monólogo era un tostón desesperante. Si pretendía dar pena la estaba cagando. Estuve tentado de decirle que a lo peor el problema era su fétido aliento y un insultante infantilismo que lo mantenía viviendo en los mundos de Yupi a la espera de un golpe de suerte que jamás llegaría.
Para casos como el suyo lo mejor es una botella de lejía en ayunas, y si el problema persiste que abra el gas y meta la cabeza en el horno hasta que se le pase... La peste a sumisión y derrota que desprendía aquel tipo me estaba poniendo enfermo.

Opté por poner cara de póker y recomendarle que buscase un hobby que poder compartir, seguir un horario, disciplina, dormir por las noches, comer frutas y verduras de vez en cuando; todo muy Bucay, vamos... Quería huir cuanto antes de aquel cuartucho con ropa tirada por el suelo, olor a pises y pringue de polvo cubriendo los cientos de cajas de juguetes y demás cosas inútiles que ahogaban el espacio.

Se dio cuenta, porque fue frunciendo el ceño y bajando el tono hasta acabar mascullando entre dientes alguna frase de desprecio. Los ojos le brillaban de puro odio.
Le señalé el ordenador, según él su principal "herramienta de trabajo" aunque sospecho que dedicada al uso exclusivo de porno y redes P2P, y le dije a sabiendas de cual sería su reacción:

—Tal vez deberías abrir un blogo. Una persona con tus inquietudes, con tanto y tan interesante que decir...


Me mandó a la mierda, gritando, lanzando espumarajos por la boca.
Y salí corriendo, aliviado, deseando no tener que volver a ver nunca más a aquel gilipollas que tan familiar me resultaba.

30/01/2008 01:11. Autor: IKE JANACEK. #. Tema: Festival del Confín.

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