Estimados señores de la Asociación Española de Consumidores y Usuarios Estafados:
Les adjunto una muestra de publicidad engañosa, falsa, falsisisísima, que estoy sufriendo en mis propias carnes:
¡Las puñeteras manos NO HACEN NADA! Bueno, dos únicas cosas: llevan el dedo índice a mi nariz en cualquier momento (lo que ha estado punto de dejarme tuerto) y toquetean constantemente mis partes íntimas. Esto último, además de ser completamente abochornante y violento, me obliga a permanecer encerrado en casa para no sufrir la mofa y escarnio de los vecinos.
Pero lo peor, señores, lo peor es que me niegan el derecho a cambiarlas. He intentado sacármelas con los dientes pero sólo conseguí que rehuyan mi boca, por lo que excuso decirles el hambre que estoy pasando ¡¡No hablemos de las horas que me ha llevado escribir este correo con los pies!!
Por favor AYÚDENME. Difundan estos anuncios advirtiendo a las personas de buena voluntad de lo peligroso que es utilizar materiales de mala calidad en suministros corporales. Cielos, sufro al imaginar qué pobre insensato habrá adquirido el ... la... eso.
Atentamente y pasándolo fatal:
Pepín Cebolledo
(Y a continuación las pruebas de la estafa)
