
Entre usted y yo: he sido un despiadado asesino de blogos.
La primera vez fue por ignorancia.
Qué iba yo a pensar que comentar algo relativo al trabajo (diciendo que era "feo de cojones") fuese a aparecer como primera entrada en las búsquedas de Google.
Tener a toda la oficina leyendo cuestiones personales es un pelín desconcertante, ¿no creen?
Lo enterré en el jardín hace tres años.
El segundo sobrevivió a varios intentos de asesinato, pero...
La sidra "El Gaitero", el chocolate, los celos, la depresión, el puñetero flirteo en los comentarios y que un tal Borjamari aludiese a mis chorradas como de "humor, entre irónico y sarcástico pero invariablemente tierno", acabaron por convertirme en una especie de Patrick Bateman de la blogocosa. Vaya si le asesté puñaladas; pero el finiquito acabó dándoselo, ¡oh sorpresa!, Lycos Francia, que cerró el espacio donde alojaba los dibujos enlazados, sin mediar aviso.
Entre eso, y que el mismo día me quedé en el paro...
Lo enterré bajo el limonero hace siete meses.
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¿Y ahora? El niño se parece al padre: malhablado, huraño, feo y lento, pero bastante más espabilado porque en cuanto me ve con un cuchillo en la mano corre que se las pela. Va a costar acabar con él.
Eso espero 