
La piedra de la locura.
Aquella que, alojada de forma imaginaria en el cerebro de un demente, pretendían extraer charlatanes y curanderos del medievo para sanar al incauto que cayese en sus manos.
Hyeronimus Bosch, El Bosco, retrató la puesta en escena de una de esas extracciones en un célebre cuadro.
En realidad se trataba de una trepanación, una de las técnicas quirúrgicas más antiguas que se conocen, consistente en abrir un hueco en el cráneo para aliviar la tensión intracraneal.
Recuerdo tener en mis manos cráneos guanches de la época prehispánica con unos agujeros considerables en los parietales producto de esta técnica. Me asombró que alguien pudiese sobrevivir a aquellos enormes boquetes, abiertos con la única ayuda de piedras afiladas.
Más extraño es que hoy en día haya aficionados a autotrepanarse por diversos motivos; acabar con las migrañas, desarrollar un sexto sentido o reducir el flujo de sangre en el cerebro para alcanzar el equilibrio emocional. Por supuesto, este tipo de bricolaje casero está prohibidísimo por su peligrosidad. Además, la base científica es más que discutible.
¿Y a cuenta de qué este rollo?
Pues porque casualmente encontré "Extracción de la piedra de la locura", de Alejandra Pizarnik (1936-1972), del poemario del mismo título que escribiera en 1968.
Me impresionó, como cuando una casualidad te pilla desprevenido y de repente entiendes algo que se te había escapado durante mucho tiempo.
Tan sólo eso. Permítame compartir con usted un pequeño extracto que hice mío, de algún modo, garabateando a bolígrafo el dibujo que está viendo:
"...Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes. No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla de ti como si fuese una piedra, a ella, tu solo privilegio. En un muro blanco dibujas las alegorías del reposo, y es siempre una reina loca que yace bajo la luna sobre la triste hierba del viejo jardín. Pero no hables de los jardines, no hables de la luna, no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación, de tu traición. Es tan oscuro, tan en silencio el proceso al que me obligo. Oh, habla del silencio..."
(Vale, lo sé: estoy hecho un muermo. Es la tele en verano, que me deprime.)